Daily Juez

¿La hora de los mormones?

Dos de los candidatos a las primarias republicanas son mormones: Mitt Romney, ex gobernador de Massachussets,  y John Huntsman, ex embajador en China y ex gobernador de Utah, cuya capital Salt Lake City es considerada la Roma de los mormones.

¿Conseguirá un mormón arrebatar al presidente demócrata Barack Obama la Casa Blanca? Lo dudo. Los estadounidenses siguen teniendo prejuicios contra los mormones, a los que muchos ven como un secta cristiana. Uno de cada cinco republicanos (18%) dice que no votaría por un miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días (LDS, en sus siglas en inglés), la misma cantidad de votantes independientes que se niega a poner la papeleta de un mormón en la urna. Y si les preguntan a los demócratas, el 27% asegura que no daría su voto a un fiel de esta religión, según datos de una encuesta publicada por Los Angeles Times.

Los mormones han lanzado una campaña en Nueva York llamada “I’m a mormon” para tratar de contrarrestar la imagen negativa que muchos americanos tienen de ellos y aparecer como personas normales.

De lograr llegar a la Casa Blanca, el primer presidente mormón de Estados Unidos acudiría a rezar al Templo mormón de Washington, uno de los edificios más extraños que he visto en toda mi vida, a medio camino entre un castillo de Disneyland y una tarta nupcial y que podría perfectamente formar parte del decorado de una película de ciencia ficción.

El Templo mormón de Washington está situado junto al Beltway, la carretera de circunvalación de Washington. Nosotros lo habíamos visto muchas veces, pero nunca nos habíamos parado. Hace unas semanas, pasábamos por ahí y decidimos ir a visitarlo. Pero, para nuestra decepción, sólo pudimos ver el centro de visitantes.

Una hermana (sister) nos explicó en español que sólo los que son mormones pueden visitar el templo porque es un lugar sagrado. Así que nos quedamos con las ganas de verlo por dentro y tuvimos que conformarnos con ver el interior en fotografías. La verdad es que parecía casi más hortera por dentro – todo de color blanco, como símbolo de la pureza- que por fuera.

El Templo mormón de Washington, DC, está situado en la localidad de Kensington (Maryland), a diez millas al norte del Capitolio de Estados Unidos. Inaugurado en 1974, fue el primer templo mormón que se construyó en la costa este de Estados Unidos. Betty Ford, mujer del entonces presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, acudió a la inauguración del templo.

Fue el primer templo mormón que se construyó con seis capiteles desde la construcción del Templo de Salt Lake City, en cuyo diseño se inspiró. Es el único templo fuera de Utah construido con seis salas de ceremonias o investidura (ordinance rooms, como las llaman los mormones). Y es uno de los pocos templos mormones que está coronado por una estatua dorada del Angel Moroni, que, según el Libro del Mormón (la Biblia de los Mormones), visitó en varias ocasiones al profeta Joseph Smith, fundador de esta religión cristiana. Según Smith, él habría traducido el libro de unas planchas de oro que le entregó el ángel.

En Navidad, muchos washingtonianos van a visitar los jardines de este templo, atraídos por el llamado Festival of Lights (Festival de Luces), durante el cual se celebran conciertos, hay belenes vivientes y se pueden ver los árboles iluminados con luces navideñas. Nosotros todavía no hemos ido a verlo y eso que nos pilla bastante cerca de casa.

El 1,7 por ciento de los estadounidenses son mormones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es una de las religiones que más está creciendo en el mundo. Cuenta con seis millones de fieles en Estados Unidos y 13,5 millones en el extranjero.

A mi me parece que Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es la religión más americana de todas. Fundada en 1830 en el estado de Nueva York por el profeta Joseph Smith, quien aseguró que el ángel Moroni le reveló el Libro del Mormón, que cuenta la historia de una antigua civilización de israelitas que fue enviada por Dios a América. Smith, perseguido por sus creencias, se vio obligado a huir a Midwest, donde fue asesinado. Sus seguidores, que consideran a Smith un mártir, emigraron al estado de Utah entre 1846 y 1847. Su capital Salt Lake City (la mitad de sus habitantes son mormones) es considerada la Roma de los mormones.

Los mormones no beben alcohol ni café ni fuman. Aunque mucha gente cree que los mormones son polígamos, la realidad es que la poligamia fue oficialmente prohibida en 1890. Algunos fundamentalistas mormones la siguen practicando ilegalmente (unos 15.000, según algunos cálculos), pero no pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Templo mormón de Washington

Mitt Rommney

Campaña publicitaria “I´m a mormon” en un taxi de Nueva York

Campaña publicitaria “I’m a mormon” en el metro de Nueva York

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July 1, 2011 at 6:03 pm Comments (0)

Washington de cine: “Siete días de mayo”

De vez en cuando me gusta volver a los clásicos, ya sea en la literatura o en el cine. Nunca fallan.

El otro día alquilamos en Netflix “Siete días de mayo” (Seven Days in May, 1964) del director John Frankenheimer. La película está protagonizada por tres grandes estrellas de Hollywood: Kirk Douglas, Burt Lancaster y Ava Gardner. Este thriller basada en la novela de Fletcher Knebel y Charles W. Bailey.

La película se desarrolla en plena Guerra Fría. El presidente de los Estados Unidos Jordan Lyman (Fredric March) es un presidente muy impopular. Quiere firmar un tratado con la Unión Soviética por el que Washington y Moscú se comprometen a destruir todo el arsenal nuclear de los dos países. Tanto la oposición como los militares se oponen. No se fían de los rusos.

El coronel Martin “Jiggs” Casey (Kirk Douglas), un marine que trabaja en el Pentágono, descubre que su superior, el carismático general James Maltoon Scott (Burt Lancaster), planea junto a otros mandos del Ejército un golpe de estado militar para quitar del poder al presidente Lymann. Jiggs se lo cuenta en secreto al presidente, que cuenta tan sólo con siete días para encontrar pruebas que le permitan abortar el golpe.

Un detalle curioso: El consejero presidencial Paul Girard (Martin Balsam) viaja a Gibraltar para conseguir una de las pruebas de la traición y en su viaje de vuelta a Estados Unidos muere en un accidente de avión en España. No falta el guardia civil con tricornio inspeccionando los restos del avión.

Todo un peliculón con unos diálogos magníficos y un reparto de lujo en un Washington lleno de intrigas políticas y militares en plena Guerra Fría. No os la perdáis.

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February 9, 2011 at 2:49 am Comments (0)

Washington de cine: Camino a la guerra

Siguiendo el consejo del escritor español Javier Marías en El País Semanal, alquilamos el telefilme “Camino a la guerra” (Path to War) del director John Frankenheimer.

Los diálogos de la película de Frankenheimer no me parecieron tan buenos como los de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca (West Wing) a la hora de retratar lo que ocurre en las bambelinas de la Casa Blanca, aunque me sirvió para conocer más a fondo a Lyndon B. Johnson (Michael Gambon), un presidente ensombrecido por las figuras de Kennedy y Nixon, que lo precedieron y lo sucedieron respectivamente en el cargo.

Johnson llegó a la presidencia por “accidente” tras el asesinato de Kennedy en 1963. Un año después ganó las elecciones con el 61 por ciento de los votos. El fuerte apoyo en las urnas le sirvió para poner en marcha una serie de reformas sociales con el objetivo de “construir una gran sociedad, un lugar un donde el significado de la vida del hombre corresponda con las maravillas del trabajo del hombre”. Entre las reformas que puso en marcha y que todavía perviven destacan Medicare (sanidad pública para los ancianos) y Medicaid (sanidad pública para los pobres), ayudas federales para la educación y la construcción de viviendas de bajo coste para los más pobres.

La película, sin embargo, se centra en la escalada en la guerra de Vietnam ordenada por el demócrata Johnson, siguiendo el consejo de su Secretario de Defensa, Robert McNamara (Alec Baldwin), y no haciendo caso del consejo de amigos como Clark Clifford (Donald Sutherland). Johnson se encuentra entre la espada y la pared, quiere acabar la guerra contra los comunistas pero no quiere dar su brazo a torcer. Finalmente, Johnson, debilitado políticamente por una guerra impopular, decidió no presentarse a la reelección para ser el candidato demócrata para las elecciones de 1968.

Si se cambia el nombre de Johnson por Obama y el de Vietnam por Afganistán, se puede ver analogías entre ambos conflictos, heredados de sus antecesores y sin un final a la vista. La diferencia es que en Vietnam hubo 58.000 muertos y en Afganistán ha habido hasta ahora 1.300. El coste político y social no es tan alto.

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November 22, 2010 at 4:44 am Comments (0)