La prensa americana juega en otra liga
Comparada con la prensa española, la prensa americana juega en otra liga, o más bien, en otra galaxia.
Lamentablemente en las redacciones en España cada vez hay menos correctores, encargados de repasar los textos para comprobar si hay errores antes de que vaya a la imprenta o se publique online.
En Estados Unidos la figura del corrector o copy editor es clave. Un texto pasa por muchas manos antes de publicarse. Aquí se toman muy en serio el dicho de que cuatro ojos ven más que dos. Un amigo que trabaja para un periódico americano me cuenta que los correctores pueden llegar a ser muy pesados y llamarle varias veces por cualquier duda que tengan en el texto, aunque la pregunta sea una auténtica chorrada.
Pero lo que más me fascina del periodismo americano es una figura que no existe en España: el “fact checker”, el verificador de datos. Los “fact checkers” leen con atención los textos y comprueban la veracidad de lo que se publica en un periódico o en una revista. De este modo, no sólo elevan la calidad del producto al estar seguros de lo que publican va a misa, sino que evitan demandas en los tribunales por imprecisiones.
Los verificadores de datos son un “colchón” para el periodista, que, al fin y al cabo, es humano y comete errores, sobre todo si escribe con prisas.
Los “fact checkers” comprueban no sólo los datos del reportaje (por ejemplo, fechas, si están bien escritos los nombres, si un río pasa por donde el periodista dice que pasa, etc), sino que pueden llegar a consultar a expertos en el tema, repasar las libretas de los periodistas, escuchar de nuevo las entrevistas, buscar documentos que demuestren que lo que dice el periodista es cierto y hacer llamadas a las fuentes utilizadas o a las personas entrevistas para preguntar si efectivamente dijeron tal o cual cosa.
Los departamentos de “fact checkers” son muy importantes, sobre todo en las revistas, que tienen más tiempo para comprobar que todos los datos de un artículo son ciertos. Por ejemplo, la revista The New Yorker tiene un departamento de “fact checkers” en el que trabajan 16 personas. Todo lo que se publica en la revista es verificado, desde los reportajes hasta las reseñas de arte, pasando por los chistes e incluso los poemas.
Esta semana hemos podido ver un ejemplo de lo en serio que se toman en The New Yorker el trabajo de los “fact checkers”: el reportaje titulado “The Apostate. Paul Haggis vs. the Church of Scientology” del periodista Lawrence Wright, en el que cuenta las razones por las que el director de “Crash” ha abandonado la Iglesia de la Cienciología (fundada en 1954 en Los Angeles por seguidores de L. Ron Hubbard y a la que pertenecen estrellas de Hollywood como Tom Cruise y John Travolta) después de llevar 35 años como fiel.
Un equipo de cinco personas del departamento de fact-checkers de la revista comprobaron antes de publicarlo que todo lo que se decía en este reportaje de 26 páginas era cierto. Enviaron a la Iglesia de la Cienciología 971 preguntas de “fact-checking”, según explicó Wright en una entrevista con la radio NPR.
En septiembre de 2010, Wright, su editor, el equipo de verificadores de datos del New Yorker y el director de la revista, David Remnick, se reunieron durante ocho horas con Tommy Davis, portavoz de la Ciencia de la Cienciología, su mujer y cuatro abogados para discutir la veracidad de los datos del artículo que iba a publicar la revista. (En la web de la revista, podéis incluso leer algunos de los documentos utilizados para hacer el reportaje).
Ya sé que el caso de los “fact checkers” del New Yorker es extremo (en Europa, la revista alemana Spiegel también se toma muy en serio lo de verificar los datos) y que los medios españoles no tienen los medios que tienen los americanos, pero… ni tanto ni tan calvo.


February 10, 2011 at 8:22 pm Comments (0)