Mi primera Navidad auténticamente neoyorquina
Muchas veces cuando uno vive en una ciudad no hace cosas que haría en la misma ciudad cuando va de turismo ni va a sitios a los que le apetece ir cuando ya no vive allí. Muchos parisinos no han subido nunca a la Torre Eiffel, muchos londinenses no han visitado la Torre de Londres y muchos neoyorquinos no han disfrutado de la vista de Manhattan desde el Empire State.
Durante los dos años que viví en Nueva York no fui a ver el célebre espectáculo de las Rockettes, las bailarinas sincronizadas del Radio City Music Hall. Me daba bastante pereza. Y temía que fuera una sucesión de números casposos de revista.
Cinco meses después de mudarme a vivir a Washington, he vuelto con mi familia a pasar el fin de semana en Manhattan. Mi hija y yo hemos ido a ver con nuestra amiga Helga el espectáculo navideño de las Rockettes, con Santa Claus, los Tres Reyes Magos y enanos incluídos. Y me ha gustado. A mi hija de tres años también. Ha acabo bailando en el pasillo del Radio City Music Hall mientras las Rockettes levantaban la pierna en el escenario.
Las Rockettes han acompañado desde 1933 todas las Navidades a los neoyorquinos y a los turistas que invaden en estas fechas la Gran Manzana. El espectáculo atrae cada año un millón de personas y desde su estreno hace 76 años más de 62 millones de personas han visto este espectáculo. También es tradición que las Rockettes participen en la ceremonia de iluminación del árbol de Navidad del Rockefeller Center.
Para algunos una Navidad en Nueva York sin Rockettes y sin árbol del Rockefeller Center no es una Navidad auténticamente neoyorquina como tampoco lo es un día de Acción de Gracias sin el tradicional desfile de Macy’s o una celebración del 4 de julio sin banderas y sin fuegos artificiales.




