La nueva encuesta de Dailyjuez: Wikileaks
chismorreo diplomático, cotilleo diplomático, Departamento de Estado, encuesta, Estados Unidos, Julian Assange, secretos, terrorismo informativo, WikileaksNovember 29, 2010 at 5:44 pm Comments (0)
Parezco obsesionada con las matrículas personalizadas (Vanity tags o personalized tags) de los coches en Estados Unidos, pero es que hay algunas que me encuentro por la calle que me parecen muy graciosas.
El otro día vi un coche aparcado en Washington, DC, con una matrícula que ponía THE WHO. Hay fans de grupos hasta la médula que dejan claro sus gustos musicales hasta en la matrícula del coche.
Si en vuestro país, ¿se pudieran poner los nombres de los grupos de música que te gustan en la matrícula de los coches, qué grupo pondríais? Os recuerdo que, siguiendo el modelo americano, sólo se pueden poner siete letras o combinación de letras y números.
En Estados Unidos existe la costumbre de enviar tarjetas de agradecimiento personalizadas (Thank You Notes) cuando se quiere dar al anfitrión las gracias por la invitación a una fiesta o a una cena, agradecer los regalos que te han dado por tu cumpleaños, expresar lo que te han gustado los regalos de tu boda o agradecer que te hayan enviado flores durante tu estancia en el hospital. Incluso algunos estadounidenses envían notas de agradecimiento después de una entrevista de trabajo.
Estas tarjetas de agradecimiento también se envían en los cumpleaños de los niños. Lo malo es que tienes que recordar con exactitud quién le ha regalado a tu hijo qué para no meter la pata a la hora de enviar la tarjeta.
Yo hasta ahora era un desastre con estas cosas, imagino que porque en España no solemos hacerlo. Pero este año me he propuesto hacerlo porque si no lo haces quedas un poco mal. Y no vale la excusa de que como eres extranjera no te enteras.
Lo que no me imagino es enviando una nota de agradecimiento a la persona que me haya entrevistado para un puesto de trabajo. Un jamón ibérico de Jabugo sería más efectivo.

Ya no estoy en la edad del pavo. Desde que vivo en Estados Unidos, celebro el Día del Pavo, oficialmente llamado Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day). Es una festividad curiosa porque no es comercial (cosa rara en Estados Unidos) ni religiosa (lo celebran los ateos, los cristianos, los musulmanes, los judíos, etc…) ni política (aunque los del Tea Party sostienen ahora que es la primera fiesta capitalista) ni militar ni patriotera. Es una fiesta integradora, que celebran tanto las familias con varias generaciones de americanos como los inmigrantes ilegales, pasando por expatriados como nosotros.
En el Día de Acción de Gracias, que generalmente se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre, es un día que, como su nombre indica, los estadounidenses dan las gracias (los religiosos se las dan a Dios) por lo que tienen: la familia, la casa, el negocio, el amor, la amistad etc.
Aunque hay cierta disputa sobre cuándo se celebró el primer Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, la versión más repetida es que la tradición comenzó el 13 de diciembre de 1621 cuando los peregrinos de la Plantación Plymonth en Plymonth (Massachusetts) agradecieron a Dios la buena cosecha que habían tenido ese año y lo celebraron con sus amigos los indios, después de las penurias y el hambre que había pasado el año anterior cuando llegaron de Inglaterra para establecerse en el Nuevo Mundo.
Este ha sido mi cuarto Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, dos los he celebrado en Nueva York y dos en Washington, DC. Pero este ha sido el primer año que lo celebro en casa de americanos, porque hasta ahora lo había celebrado con otro expatriados españoles. Nuestro anfitrión nos explicó que entre esos primeros peregrinos que celebraron el primer Día de Acción de Gracias se encontraba un antepasado suyo.
El menú típico del Día de Acción de Gracias (muchos repiten el menú en Navidad) es pavo asado acompañado de puré de patata, puré de boniato (algunos ponen encima marshmallows y los derriten en el horno), judías verdes y salsa de arándanos. De postre tomamos cheesecake de calabaza, helados y fruta. Para chuparse los dedos.
El Día de Acción de Gracias también es tradicional correr por motivos benéficos en Washington la Carrera del Pavo (SOME’s Thanksgiving Trot for Hunger) – el equivalente a la San Silvestre Vallecana que se corre el 31 de diciembre en Madrid. Este año se celebraba el 40 aniversario.
Yo este año me había apuntado con unas amigas, pero a última hora me rajé por culpa de la gripe. Me he quedado con la camiseta y el dorsal de recuerdo. A ver si el año que viene puedo correr.
En Estados Unidos, el país de lo políticamente correcto, hay comentarios soeces que chirrían y que hacen que muchos se lleven las manos a la cabeza exigiendo que el que los han pronunciado se disculpe. En España, en cambio, le invitarían a más tertulias de televisión porque así tendrían audiencia garantizada.
El estratega demócrata James Carville considera que el presidente Barack Obama no es tan duro como la secretaria de Estado y ex rival en las elecciones Hillary Clinton. Y ha sido muy gráfico a la hora de explicarlo. “Si Hillary le diera a Obama una de sus pelotas, él tendría dos”, dijo Carville en un desayuno-coloquio del diario “Christian Science Monitor”.
Muchos demócratas se han indigando porque consideran que Carville ha faltado al respeto al presidente. Piden que se disculpe. Pero no es la primera vez que este estratega demócrata lo dice. Hizo un comentario similar en la campaña para las elecciones de 2008: “Si ella le diera uno de sus cojones (en español), los dos tendrían dos”, dijo a la revista “Newsweek”.
Carville no va a disculparse. “Si he ofendido a alguien, no lo siento y no me voy a disculpar”, señaló a la CNN, la cadena donde trabaja como comentarista político. El estratega demócrata recordó que simplemente estaba repitiendo un chiste que hizo en 2008.
Para los que no conozcáis a Carville os diré que era asesor de Bill Clinton cuando ganó las elecciones de 1992 contra George H. W. Bush (padre) y que fue el que acuñó la célebre frase “es la economía, estúpido”. Residente en Nueva Orleans, su acento y desparpajo sureño le dan un aire característico.
Yo cada vez que veo a Carville en la CNN -donde a veces se enfrenta en los debates a su esposa, la estratega republicana Mary Matalin- me hace mucha gracia. Me recuerda a Kojak y a Osborne Cox (John Malkovich), ex agente de la CIA al que despiden y que decide escribir sus memorias en la película “Quemar después de leer” (Burn After Reading) de los hermanos Cohen.
James Carville

Kojak
Este fin de semana fui con una amiga a ver la película “The Social Network“, la película sobre Facebook, al Avalon Theater en el barrio de Chevy Chase en Washington, DC. Y me pareció curiosa la historia de este cine.
El Avalon Theater abrió sus puertas en 1923. En esa época se llamaba The Chevy Chase Theatre y ponían películas mudas acompañadas de una orquesta. En 1929, con la llegada de las películas sonoras (“talkies”, en inglés) el cine se modernizó. Ese año se convirtió en uno de los cines de barrio de la Warner Brothers y pasó a llamarse The Avalon.
En el año 2001, los dueños del cine se declararon en bancarrota. Los vecinos del barrio temían que el Avalon corriera la misma suerte que otros cines de Washington que cerraron sus puertas y fueron reconvertidos en tiendas. Fundaron la organización The Avalon Theatre Project, recaudaron fondos y restauraron el cine. The Avalon reabrió sus puertas en 2003, ochenta años después de su inauguración. Este cine de barrio se convirtió así en un cine comunitario sin ánimo de lucro, que mantienen los vecinos con sus aportaciones. Aquí se pueden ver películas comerciales e independientes y asistir a festivales de cine.
Es un curioso que en un país como Estados Unidos que tiene la libre empresa en su ADN surjan iniciativas vecinales como esta.
P.D. En la web “Cinema Treasures” he encontrado un listado de todos los cines que había en DC. De 111 que había, ahora sólo quedan abiertos 15 cines. Muchos de ellos los han demolido.
Siguiendo el consejo del escritor español Javier Marías en El País Semanal, alquilamos el telefilme “Camino a la guerra” (Path to War) del director John Frankenheimer.
Los diálogos de la película de Frankenheimer no me parecieron tan buenos como los de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca (West Wing) a la hora de retratar lo que ocurre en las bambelinas de la Casa Blanca, aunque me sirvió para conocer más a fondo a Lyndon B. Johnson (Michael Gambon), un presidente ensombrecido por las figuras de Kennedy y Nixon, que lo precedieron y lo sucedieron respectivamente en el cargo.
Johnson llegó a la presidencia por “accidente” tras el asesinato de Kennedy en 1963. Un año después ganó las elecciones con el 61 por ciento de los votos. El fuerte apoyo en las urnas le sirvió para poner en marcha una serie de reformas sociales con el objetivo de “construir una gran sociedad, un lugar un donde el significado de la vida del hombre corresponda con las maravillas del trabajo del hombre”. Entre las reformas que puso en marcha y que todavía perviven destacan Medicare (sanidad pública para los ancianos) y Medicaid (sanidad pública para los pobres), ayudas federales para la educación y la construcción de viviendas de bajo coste para los más pobres.
La película, sin embargo, se centra en la escalada en la guerra de Vietnam ordenada por el demócrata Johnson, siguiendo el consejo de su Secretario de Defensa, Robert McNamara (Alec Baldwin), y no haciendo caso del consejo de amigos como Clark Clifford (Donald Sutherland). Johnson se encuentra entre la espada y la pared, quiere acabar la guerra contra los comunistas pero no quiere dar su brazo a torcer. Finalmente, Johnson, debilitado políticamente por una guerra impopular, decidió no presentarse a la reelección para ser el candidato demócrata para las elecciones de 1968.
Si se cambia el nombre de Johnson por Obama y el de Vietnam por Afganistán, se puede ver analogías entre ambos conflictos, heredados de sus antecesores y sin un final a la vista. La diferencia es que en Vietnam hubo 58.000 muertos y en Afganistán ha habido hasta ahora 1.300. El coste político y social no es tan alto.

Virginia, el estado de Estados Unidos con mayor número de matrículas personalizadas (personalized tags o vanity tags) de vehículos (16,19% de los coches), podría añadir una nueva matrícula a su colección: la bandera amarilla con una serpiente cascabel pintada -símbolo de las Colonias americanas- y con las palabras “don’t tread on me” (que podría traducirse como “no me pisotees ), que el movimiento populista y conservador Tea Party ha adoptado como grito de guerra.
Dentro de poco podríamos ver matrículas de Virginia con la serpiente cascabel en las carreteras estadounidenses si prospera una petición para que la DMV (El Departamento de Vehículos de Motor) de Virginia ponga en circulación estas matrículas pro-Tea Party.
Poniendo esta matrícula en su coche, los habitantes de Virginia se declararán simpatizantes del Tea Party y de sus principios de gobierno limitado, austeridad fiscal y menos impuestos.
La organización Patriotas del Tea Party de Virginia está pidiendo a los habitantes de este estado colindante con Washington que soliciten estas matrículas. Con ellas, “los habitantes de Virginia podrán expresar pronto su apoyo a un gobierno pequeño y protestar contra la intromisión del gobierno federal en los asuntos de ciudadanos privados”, aseguran en su página web.
Para que el sueño de estos “patriotas” de Virginia se haga realidad necesitan que 350 personas lo soliciten a la DMV, el equivalente a la Dirección General de Tráfico (DGT) en España. De momento, más de 600 personas han mostrado su interés, aunque no ha trascendido el número de personas que lo han solicitado hasta ahora.
Si la iniciativa prospera, los habitantes de Virginia que lo deseen tendrán que pagar 10 dólares al año por tener una matrícula con la serpiente cascabel del Tea Party o 20 dólares si la quieren personalizada, es decir, con el nombre que ellos quieran, en vez de las letras y los números que les toquen.

Una de las ventajas de vivir en Washington con respecto a Nueva York es que la mayor parte de los museos -los que pertenecen al complejo museístico Smithsonian, incluído el Zoo de Washington- son gratuitos, a diferencia de Manhattan donde ir de museos es un atraco a mano armada. Entrar en el MoMA te cuesta 20 dólares. Y un fin de semana cultural en la Gran Manzana te sale por un ojo de la cara, como habrán comprobado muchos turistas, sobre todo si viajas en familia.
Sin embargo, los días de los museos gratuitos en DC pueden estar contados si prospera una propuesta de la Comisión Nacional para la Responsabilidad y la Reforma Fiscal, según anuncia NBC Washington. El ex senador Alan Simpson y Erskine Bowles, ex miembro de la administración Clinton, han propuesto recortar 225 millones de dólares del presupuesto anual del Smithsonian y cobrar 7,50 dólares a los visitantes con el objetivo de reducir el déficit del gobierno federal.
La propuesta ha sentado mal a muchos washingtonianos, acostumbrados a no tener que pagar nada por entrar en los museos de la capital. Muchos consideran que esos 225 millones de dólares no van a servir de mucho para rebajar la deuda multimillonaria del país. Son “peanuts”, como dicen aquí, o calderilla como diríamos en España.
Tampoco les ha gustado la idea a los de la Institución Smithsonian, tal y como han dejado patente en un comunicado. “El Smithsonian es un museo nacional y ha estado abierto – gratuitamente- durante 164 años”, explican los responsables del museo, que recuerdan que dos terceras partes del presupuesto anual de este complejo museístico proviene de los impuestos que pagan los estadounidenses.
Los responsables del Smithsonian -que tiene 30 millones de visitas anuales- temen que el cobro de entrada en los museos haga descender el número de visitantes y reduzca los ingresos procedentes de las tiendas o restaurantes de los museos. También alertan de que esta medida perjudicará a las familias con menor poder adquisitivo porque no podrán permitirse el lujo de pagar por entrar en un museo.
Cruzaremos los dedos para que la propuesta de Simpson y Bowles no prospere y podamos seguir disfrutando de esta cultura “socializada” en DC.

Ni el New York Times ni el Washington Post dedican ni una sola línea a la muerte del cineasta español Luis García Berlanga. Si se les saca de Buñuel y Almodóvar, los estadounidenses andan un poco perdidos sobre el cine español.
Dailyjuez dedica un pequeño homenaje a Berlanga con una de las escenas más conocidas de su filmografía y una de las más apropiadas teniendo en cuenta el contenido de este blog: la escena de la canción “Americanos” de la película “Bienvenido, Mr. Marshall” (1953).
Y para todos aquellos lectores de Dailyjuez que no conozcáis una de las obras maestras del cine español también he colgado un trailer en el que podéis ver cómo los habitantes de Villar del Río, un pueblecito de España en plena dictadura franquista, se preparan para la impresionar a los americanos para ver si les llueven algunos dólares del famoso Plan Marshall, que el gobierno de Estados Unidos lanzó para reconstruir Europa Occidental, pero que lamentablemente dejó a España al margen.