Daily Juez

Delibes: “Las noches washingtonianas resultan tan quedas, tan sosegadas, como pueden serlo las noches en la paramera de Castilla”

Marc me pasa un artículo sobre Washington que el escritor Miguel Delibes publicó en enero de 1965 en La Vanguardia. El artículo, incluído en la serie “Bocetos made in USA”`, se titula “Washington, la anti-Nueva York“.

Por su interés para los lectores de Dailyjuez, reproduzco aquí algunas citas del artículo de Delibes sobre Washington. El artículo está disponible completo en PDF en la hemeroteca digital  de La Vanguardia.

Leyendo el artículo, me da la impresión de que Washington no ha cambiado mucho desde la estancia de Delibes, sigue siendo la “anti-Nueva York”. Yo, que he vivido en las dos ciudades, lo puedo corroborar.

“Washington edifica rascasuelos, esto es, rascacielos acostados, yacentes. De esta manera, lo que no van en lágrimas, va en suspiros; lo que pierde en altura lo gana en extensión”.

“Y, como, por otra parte, los barrios residenciales se asemejan tanto unos a otros, nada puede extrañarnos que los automovilistas circulen por las calles plano en mano, en cuanto tienen que salirse de su itinerario habitual”.

“Monsieur L’Enfant que, como dije, planeó, está ciudad, acertó a imprimirle un remoto aire parisiense”.

“Eso sí, la zona monumental, ligada al centro político, es la más despejada de la ciudad, de forma que, en los aledaños de los monumentos a Lincoln, Washington y Jefferson, donde se alza también la Casa Blanca, el Capitolio y la Corte Suprema, pueden acomodarse fácilmente todos los habitantes de la ciudad. Es, pues, ésta una suculenta y dilatada zona verde -con los céspedes más cuidados del país- sobre la que resaltan la blancura de monumentos y edificios”.

“La Casa Blanca, de otro lado, en contra de lo que pudiera pensarse, no es una construcción de nuevo rico, despampanante, sino un edificio discreto donde a uno le cuesta admitir que, en buena medida, sea el horno donde se cuece el destino del mundo”.

“Más sobre la ciudad de Washington influye notablemente su condición de capital política. En rigor, fue hecha para eso. De aquí que ni en la ciudad ni en sus alrededores se advierta ese ritmo agobiante que distigue a las ciudades fabriles”.

“Este ritmo hace de Washington una urbe acolchada y grata, donde uno puede aún trabajar en silencio”.

“Las noches washingtonianas resultan tan quedas, tan sosegadas -hablo de los barrios residenciales, la gran mayoría como dije- como pueden serlo las noches en la paramera de Castilla. Unicamente, de vez en cuando, el rumbido lejano de un avión o de una sirena de un coche de urgencia nos recuerdan donde estamos”.

 

March 23, 2010 at 6:39 am Comments (0)